¿Para qué sirven las reservas de oro de los bancos centrales?

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Los bancos centrales son una de las principales fuentes de demanda de oro y se encuentran entre los mayores poseedores de este metal. La cifra total de oro en las cámaras acorazadas de los bancos centrales mundiales supera las 34.000 toneladas y constituye una parte apreciable de sus reservas estratégicas. En este post vamos a explicar qué les mueve a acumular oro y para qué les sirve.

Todos hemos visto imágenes de las cámaras acorazadas de los bancos centrales: largas filas de estanterías en las que se apilan los conocidos lingotes de 400 onzas (12,44 kilos) hasta donde se pierde la vista, a salvo de miradas indiscretas y de otras tentaciones.

Unas imágenes que no suelen llegar frecuentemente a los medios de comunicación, salvo en el caso de campañas de imagen o visitas oficiales. Hay una fotografía icónica en este sentido (que podemos ver bajo estas líneas) y que corresponde a la visita de la reina Isabel II a las cámaras acorazadas del Banco de Inglaterra, en la que se ve a la soberana paseando entre las estanterías de lingotes.

Pero ¿de qué les sirve a los bancos centrales acumular semejante cantidad de oro en sus sótanos, con el gasto que supone su custodia y vigilancia? Existen razones para justificar esta necesidad.

Como explica Natalie Dempster, directora de Bancos Centrales y Políticas Públicas del Consejo Mundial del Oro, en la introducción de la Guía para banqueros centrales del oro como activo de reserva,

“los bancos centrales poseen a día de hoy casi 34.000 toneladas de oro, lo que convierte al metal en el tercer mayor activo de reserva del mundo. El incremento en la demanda de oro de los bancos centrales refleja las actuales condiciones geopolíticas, políticas y económicas, además de los cambios estructurales que han tenido lugar en la economía global. El oro es, al mismo tiempo, un activo anticíclico de gran liquidez y un depósito de valor a largo plazo. Como tal, contribuye a que los bancos centrales alcancen sus objetivos estratégicos de seguridad, liquidez y rentabilidad”.

Por tanto, el oro en manos de los bancos centrales cumple una triple función: seguridad, liquidez y rentabilidad.

Como explicó en un artículo, Isabelle Strauss-Kahn, antigua directora financiera del Banco Mundial,

“el oro es bien conocido como activo refugio. No conlleva riesgo crediticio, apenas tiene correlación con otros activos y su precio se suele incrementar en tiempos de crisis, por lo que ofrece una valiosa protección en esos momentos.

El oro cuenta también con una enorme liquidez. Puede negociarse fácilmente en los principales mercados globales, como Londres y Nueva York. Se puede usar en transacciones como swaps para obtener liquidez cuando se necesita y puede ser gestionado de forma activa por los responsables de las reservas.

El oro también puede mejorar el perfil de riesgo/beneficio de la cartera de inversiones de un banco central. Su falta de correlación con los principales mercados de activos lo convierte en un eficiente elemento diversificador de la cartera de inversión y, a largo plazo, ofrece una mayor rentabilidad que muchos otros activos”.

Gestión activa de las reservas de oro

Las reservas de oro no son un patrimonio inmovilizado con el que cuentan los bancos centrales, sino que tienen un componente dinámico muy importante.

Según establece el Fondo Monetario Internacional, las reservas internacionales deben constar de divisas convertibles o de oro, de forma que puedan utilizarse fácilmente durante los periodos de crisis.

El criterio de elección de los activos que forman parte de las reservas viene determinado por su calidad crediticia, su liquidez y por su contribución al perfil de riesgo del conjunto de la cartera de inversión.

Como señala el Consejo Mundial del Oro en el mencionado informe,

“el oro está considerado como un activo estratégico que puede ser utilizado tanto para la gestión de liquidez a corto plazo como para ser un depósito de valor a largo plazo”.

Por tanto, los bancos centrales ejercen también una gestión activa de sus reservas, utilizando el oro como garantía de depósitos o swaps. El mejor ejemplo de esta actividad es el que ha desempeñado durante los últimos años el Banco Central de Venezuela, utilizando sus reservas de oro como garantía para obtener liquidez, por medio de préstamos y swaps con bancos internacionales como el Deutsche Bank.

Para realizar esta gestión activa, el oro en manos de los bancos centrales debe adaptarse a los estándares internacionales (lingotes bancarizados Good Delivery) y a los acuerdos legales necesarios, para poder ser movilizado con rapidez durante los tiempos de crisis.

Además, los bancos centrales pueden vender o comprar oro como parte de sus operaciones habituales de ajuste del balance.

Cada mes, el Consejo Mundial del Oro publica en su web el listado de las reservas de oro en manos de los bancos centrales. Los datos de las mismas son enviados por los propios bancos centrales al Fondo Monetario Internacional, de donde los toma el Consejo Mundial del Oro. Por ello, los datos que se publican cada mes reflejan la situación real de dos meses antes.

Otra salvedad que hay que hacer es que ni el FMI ni el Consejo Mundial del Oro realizan auditoría alguna sobre estos datos, por lo que no hay forma de verificar su fiabilidad. De hecho, en los últimos años se ha especulado con que las reservas de oro de China superaban con creces la cantidad oficialmente comunicada por su banco central.

Según el último listado, publicado a principios de septiembre (y que refleja la situación a cierre de julio), Estados Unidos encabeza la clasificación, con un total de 8.133,5 toneladas de oro, que representan el 79,9% de sus reservas estratégicas. Un porcentaje que se encuentra entre los más elevados de los bancos centrales del mundo. La mayor parte de estas reservas están custodiadas en las instalaciones Fort Knox (Kentucky).

El segundo lugar corresponde al Bundesbank alemán, que acumula 3.362,4 toneladas de oro, que suponen el 77,1% del total de reservas.

El tercer banco central con mayores reservas (sin contar al propio FMI, que ocupa el tercer puesto con 2.814 toneladas) es la Banca d’Italia, con 2.451,8 toneladas (72,9% de las reservas).

Por detrás, y con más de 1.000 toneladas de oro, se encuentran el Banque de France, con 2.436,1 toneladas (67,8% de las reservas); el Banco Central de la Federación Rusa, mayor comprador durante los últimos años, hasta el pasado mes de abril (2.299,4 toneladas, que suponen el 24,5% de sus reservas totales); el Banco Popular de China (1.948,3 toneladas, 27,9% de las reservas); y el Banco Nacional de Suiza (1.040 toneladas, 6,8% de las reservas).

La discreta posición del Banco de España

El Banco de España ocupa una discreta vigésimo primera posición en el listado, decimonovena si consideramos solo los bancos centrales de los países (el FMI y el Banco Central Europeo también figuran).

Sus reservas de oro ascienden a 281,6 toneladas y no se han movido en los últimos años, desde que en la primavera de 2007, el entonces gobernador, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, culminara la operación de venta que se había iniciado con su antecesor, Pedro Caruana, y vendiera el 32% de las reservas (133,7 toneladas), por unos exiguos 2.180 millones de euros.

A precios actuales, el oro vendido por el Banco de España valdría unos 6.900 millones de euros. Una decisión polémica, pero que se entiende por la tendencia de los bancos centrales de los países europeos de liquidar de forma ordenada parte de sus reservas, ante la equivocada opinión de que el oro no ofrecía suficientes rendimientos y era mejor sustituirlo por otros activos.

De hecho, los bancos centrales mundiales han recuperado terreno en los últimos años, con cifras espectaculares de compra de oro, que han servido para animar la demanda en el mercado y han sido uno de los factores de la subida sostenida del precio del oro.

Así, entre 2009 y 2019, los bancos centrales se convirtieron en compradores netos de oro, con una media anual superior a las 500 toneladas (ver gráfico). El año 2018 marcó un récord histórico, con 656,23 toneladas, la cifra más alta de los últimos 50 años. En 2019, el nivel descendió ligeramente (650,32 toneladas) y para 2020 se espera que caiga aún más.

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