Sustentabilidad digital, Por Carolina Sánchez y Florencia Nicolet

0
84

El mundo cambia con rapidez inusitada: cambia el clima, cambian las relaciones de intercambio entre los países, los ejes de esas relaciones, cambia el perfil y las elecciones de los consumidores…. Todo cambia.

La transformación digital no es sólo la incorporación de tecnologías en los procesos internos de las organizaciones para alcanzar la competitividad y los beneficios económicos de su actividad, sino que representa una oportunidad para transformar el modelo de negocios. Y en este punto surge el imperativo de conducir el nuevo modelo hacia uno de beneficios compartidos, de sustentabilidad (su supervivencia en el tiempo) y de impactos positivos en la sociedad, minimizando el consumo de recursos naturales, energía y las externalidades negativas en el ambiente.

La transformación digital, abre o debe abrir paso a la transformación de los propios procesos para conseguir (1) asegurar la sustentabilidad de la cadena de abastecimiento y de comercialización, (2) la sustentabilidad de los procesos de creación de valor y (3) la migración a una gestión de colaboradores verdes (Green Human Resources) como primera forma de impacto social. La sustentabilidad no es un “estado del ser”, es un “hacer” cotidianamente, con una visión más generosa y distributiva sobre los resultados económicos y financieros esperados.

Como motor de la sustentabilidad del negocio, la transformación digital también es un driver para lograr compromiso y disminuir el riesgo de rotación (engagement) de los colaboradores. La tecnología es una gran viabilizadora de nuevos negocios. El propósito convergente en la díada organización-colaborador como el aspecto más profundo y motivador de ideas innovadoras, direcciona incrementalmente los logros en términos de facturación pero aporta un diferencial y resultados extraordinarios cuando se basa en valores y beneficios compartidos. Organizaciones que trabajan sobre estos conceptos (transformación, innovación, propósito, sustentabilidad) se convierten en exitosas plataformas para la atracción de talentos, su desarrollo, y la construcción de pactos laborales sanos y virtuosos en las que los “nuevos trabajadores” -por inclusión o por generación- desean cumplir su propósito y producen cambios.

Esta plataforma entonces puede trasladarse a la experiencia del cliente haciendo lo que se dice (“Walking the talk”) y no al revés, como reflejo de integridad, en base a pilares como la transparencia (nivel hasta el cual se compartirá la información) y la autenticidad (veracidad de la información que se difunde). La consistencia interna entre dichos y hechos es un factor clave para construir confianza en una organización y sus productos y servicios. La visibilidad de estos valores debe ser amplificada con el uso ético de las tecnologías de la información o exponenciales.

Todo lo dicho implica verdaderos retos de adaptación y desafíos culturales que encuentran una oportunidad adicional a la tecnología desde las metodologías ágiles (test and learn, fail fast, pivotar tantas veces como sea necesario) como formas para encontrar nuevos modelos de negocios basados en intangibles, con uso no consuntivo de la naturaleza, con la provisión de experiencias y servicios más que de bienes, y que permite la adquisición de conocimiento y la innovación disruptiva hacia modelos de organizaciones exponenciales.

Tecnologías de automatización (como la robotización de procesos y tareas repetitivas, para liberar talento que pueda dedicarse al análisis de datos y prospectivas), las de exponencialidad y células ágiles de innovación se adaptan a todo volumen de inversión. Si, cada vez están más al alcance de todo tamaño de empresa. Sólo se requiere conocerlas, aprehenderlas y aplicarlas para la sustentabilidad del propio negocio y de su entorno, para lo cual es fundamental entender el potencial positivo (círculos virtuosos) y no por miedo, eliminarlas o ignorarlas (círculos viciosos).

La supervivencia de los negocios estará más que nunca vinculada a la capacidad de transformarlos tantas veces como sea necesario en un ejercicio empático de detección de los problemas a los que se desea brindar solución, así como a las demandas de las distintas partes interesadas (comunidades, ambiente, gobiernos, consumidores, proveedores, productores, etc.).

Alcanzar en ese aprendizaje continuo un sistema restaurador o regenerativo por intención o por diseño como propone la Economía Circular, donde el consumidor o usuario final no sea un destinatario de un bien producido o gestionado con criterios de sustentabilidad, sino que además se incorpore como un eslabón más del ciclo de vida de ese bien hasta su fin de uso y disposición es el gran desafío que se nos impone. Esto es posible aplicando agilidad y tecnología, si logramos la conciencia adecuada de los diferentes actores de las decisiones, del mundo privado o público, de las grandes compañías o de los emprendedores incipientes, de modo de fomentar que el cliente tenga beneficios entre marcas por participar de la cadena de valor de productos y disposición de desechos. Se requieren transformaciones por continuidad de las relaciones entre actores sociales y de las comunidades con su entorno.

En este mundo en donde todo cambia, debemos desarrollar y hacer buen uso de herramientas (entre ellas las digitales) que prolonguen nuestra conciencia y generen acciones en el camino hacia la sustentabilidad.

Carolina Sánchez

Ing. Ambiental dedicada a la Sustentabilidad del Desarrollo.

Ex Secretaria de Minería de la Nación