18 años de PGM y 250 ediciones: Marcando el auge y la decadencia de la minería, por el Dr Favio Casarín

0
101

 “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son

relaciones públicas” , George Orwell.

La conmemoración de los 250 números de Prensa GeoMinera – que vio la luz por primera vez en el año 2002- lo hace a la revista ni mejor ni peor en comparación con otros aniversarios anteriores, pero la llegada de este número redondo, resulta una ocasión privilegiada para recapitular no sólo sobre lo conseguido, celebrar su aniversario editorial y desear un venturoso futuro. También lo es para hacer un repaso de estos 18 años de minería en la Argentina, que tuvo todos los matices y transcurrió por distintas etapas, tan bien reflejadas por PGM en el devenir de los últimos 18 años,  primero con su edición impresa de papel y luego con su adaptación a la era digital.

Época difícil aquella para un emprendimiento editorial, en pleno momento de la devastadora crisis económico-social de los años 2001/2002. En ese entonces, aparece PGM fruto de la idea de algunas personas, que vislumbraron un nuevo rumbo de la minería, y un vacío que existía en materia informativo-periodística en el sector.

No voy a referirme a los proyectos que se pusieron en marcha, ni a las características de los mismos ya que excede el propósito del presente artículo, pero es indudable lo que la minería generó en esos años, sobre todo en las regiones donde se desarrolla: empleo, inclusión y movilidad social, salarios por encima de la media, desarrollo de pequeñas industrias locales.

La perspectiva de la historia es la que dará la real dimensión de lo que sucedió con la minería en esos primeros años de la revista PGM. Y, seguro, dentro de varias décadas mucho se escribirá sobre lo acontecido en esos tiempos, en los cuales se sembraron cimientos para muchas décadas más de éxito, que no se han podido concretar, o al menos están en suspenso.

La minería, si bien tiene más de 200 años en este país – considerando los gobiernos patrios, con la primera Ley de Fomento Minero dictada por la Asamblea del Año XIII-, podemos decir que fue “descubierta” en los últimos 30 años.

Los impulsos comenzaron en el año 1994 con la sanción de la Ley N° 24.196 de Inversiones Mineras, y reforzados diez años después, cuando el por entonces Presidente Néstor Kirchner en el 2004, y en oportunidad del lanzamiento del Plan Minero, que incluyó a la minería como política de Estado.

Lamentablemente, el propio sector minero no aprovechó las circunstancias, y en la última década ingresó en un cono de sombras que se volvió cada vez más oscuro con el transcurrir de los años, y hoy en pleno 2020 deambula hacia una minería residual, muy lejos de la política de Estado del año 2004.

Sumido en un imaginario ideal e irreal de que ante el hecho de poseer recursos geológicos, sólo se necesita decisión política para atraer inversiones, el sector minero se fue alejando de la sociedad, concentrándose en el lobby, encerrada en un pequeño grupo ensimismado, que no puede pese al demostrado fracaso, abandonar su propia alienación. Confundió elementos claves: comunicación con propaganda y publicidad; responsabilidad social empresaria con dádivas; relaciones comunitarias con arreglos con los referentes; motivación con slogans mentirosos; licencia social con licencia política; políticas concretas con discursos vacíos de contenido.Y podríamos seguir con la lista.

Así, poco a poco, como el agua que va erosionando la piedra, se fueron socavando las posibilidades de desarrollo de una minería federal en todo el país. Fueron llegando las leyes antimineras en las provincias, mientras los referentes se alejaban de la realidad y se aplaudían en hoteles en las provincias presentando “lo que minería puede ser”. Los sectores antimineros fueron ganando espacio a costa de la propia torpeza minera. Jamás soñaron con semejante regalo, ni con las facilidades de que dispusieron.

Estas asimetrías en las distintas provincias, fue provocando el alejamiento del Estado Nacional que debió –y debe volver a ser- el real impulsor de la industria, más allá de que el dominio del recurso pertenezca a las provincias. El inversor, viene al país, no a una provincia; si abandona proyectos –y vaya si lo sabremos-, abandona el país. El concepto de minería de aldea, sostenida en argumentaciones parecidas a los adelantados que en la época de la colonización fundaban poblaciones, no se compatibiliza con el criterio que debería imperar en estos tiempos, con menos fronteras internas y mayor desarrollo regional con participación e inclusión social.

Se había instalado en esos años –y aún perdura con fuerza en algunos referentes- el slogan de “cada provincia decide que minería quiere y como hacerla”. Simpático slogan para no ocuparse de los problemas, y para ocultar la ignorancia de que más allá del dominio provincial o nacional de los recursos mineros, existe una Constitución Nacional con una doctrina que establece notoriamente la diferencia entre dominio y jurisdicción. Y por cierto, también un Código de Minería de la Nación –que es de fondo y forma-, que entre sus principios señala que la actividad minera es de Utilidad Pública.

La consecuencia fue que en la última década San Juan no puso en producción ningún proyecto metalífero, al igual que Catamarca, las dos provincias cordilleranas mineras por excelencia. Sólo Santa Cruz salvó la ropa, con dos proyectos.

Los números no mienten y reflejan la consecuencia: la minería exportó por 5.400 millones de USD en el año 2012, y por 3.200 millones en el 2019.

A partir del año 2016, el nuevo gobierno anunció la creación del Ministerio de Energía y Minería, un sueño de gran parte del sector, de darle a la minería el rango que necesita dentro de la estructura del Estado, y retornar a la senda de política de estado. Fue sólo una puesta en escena, con una escenografía desvencijada y un libreto desactualizado. La representación duró un suspiro, ya que el propio espacio político terminó por derrumbarla: apenas dos años después, desarmó el Ministerio, y la minería fue reducida a una oficina administrativa inoperante, y a cargo de personas sin experiencia en el sector. Del arranque con pretensiones de que la minería ocuparía una gran ópera en un teatro lírico,npasó a ser una payasada en un circo.

Al borde de la catástrofe, la esperanza llegó con el recambio de gobierno en diciembre 2019. Claro que a la esperanza, hay que dotarla de contenido, y la minería continúa deambulando por el camino declinante de los últimos años, a la espera de políticas contundentes que reviertan o al menos intenten, retomar la senda del desarrollo. Dentro del estado, carece de autonomía legal, administrativa y financiera, siendo una dependencia de otro ministerio.

En un intento de rescate salvador, se viene desde algunos sectores tratando de instalar que lo que se necesita es otorgar mayores ventajas al inversor, y surgen proyectos tales como descontar regalías mineras si se realizan obras públicas.

Muy peligroso, porque de un escenario de decadencia como el que indica el título, algunos están al borde de un complejo donde inferioridad y de sometimiento, dispuestos a entregar “lo que sea, a cambio de los que lo que nos quieran dar”.

Es innegable como las distintas 250 ediciones de PGM fueron reflejando el auge y caída de la minería. Señalando los aciertos, y remarcando aún más los errores. Y así debe ser en el periodismo temático. Poner mayor énfasis en el error que en el acierto. Los aciertos, en la minería han tenido publicidad paga desde los funcionarios públicos de ocasión y desde las empresas. Los errores, necesitan la voluntad de que alguien los haga trascender para corregirlos. Las páginas de PGM han reflejado, a veces crudamente, este camino. Pero siempre con verdades, y respetando las opiniones y la libertad de sus articulistas y colaboradores.

La coyuntura actual es difícil pero, a su vez, nos pone a prueba. Una prueba que, sin dudas, es a todo o nada. La primera década del siglo actual, nos demuestra que se puede generar desarrollo y beneficios para las comunidades, las provincias y el país. Pero, también, las segunda, indica que se puede fracasar, destruyendo en lugar de generar. En nosotros está elegir.

En lo que vendrá, sea crecimiento, estancamiento o declinación, allí estará como en estos últimos 18 años PGM documentando, opinando y difundiendo con valor y calidad todo el quehacer de la industria minera. Nos encontraremos, seguro, y desde donde Dios quiera que estemos, en el aniversario del N° 500.

Favio Casarín

Geólogo y Abogado

Prensa GeoMinera