Los «binches» de nuestra Puna, por Ricardo Alonso

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El reino mineral ofrece cientos de ejemplos de las más curiosas transformaciones, metamorfosis y mutaciones. Los minerales pueden cambiar completamente su estructura cristalina interna o su composición química para transformarse en otras especies minerales. Las nuevas especies pueden tener alguna similitud con las precedentes o bien ser radicalmente opuestas a las que les dieron origen. Este cambio se conoce como pseudomorfosis y los minerales se convierten en pseudomorfos (del griego «forma falsa»).

Se atribuye su descubrimiento y definición el abate francés René Just Hay (1743-1822), el padre de la ciencia de la cristalografía.

Hay fue un niño pobre que gracias al estudio y a la ayuda oportuna de buenas personas se convirtió en una de las grandes mentes y personalidades de Francia.

Se salvó de la guillotina por la oportuna intervención de Geoffroy Saint Hilaire, cosa que no pudo lograr su gran amigo Antonio Lavoisier.

En el Museo de Historia Natural de París hay estatuas, placas y colecciones de minerales que lo recuerdan. Su famoso «Tratado de Mineralogía» es la obra monumental de un solo hombre y creadora de toda una ciencia nueva. Cuenta el inglés Edward Stanley que lo visitó en 1814 en París que jamás en su vida había visto un hombre que le llamara tanto la atención. Menciona que cuando Hay hizo su aparición en la cátedra, todos se levantaron con muestras de respeto ante este sabio que aparentaba unos 80 años de edad (tenía entonces 71), y señala que: «su aspecto patriarcal, con su cabellera de plata, tiene algo de celestial».

George Cuvier decía que Hay era a la mineralogía lo que Newton, Kepler y Copérnico eran a la astronomía. Hay observó que los troncos de árboles fósiles habían sido reemplazados completamente por ópalo (xilópalo) y que algunos invertebrados fósiles, caso de los amonites, fueron reemplazados por pirita.

Se había conservado perfectamente la forma original, pero la madera o el carbonato de las conchillas habían sido completamente sustituidos; esto es, molécula a molécula.

O sea presentaban una forma falsa, con la salvedad y solo a manera de ejemplo, que la madera no es un mineral.

La pirita

Uno de los mejores ejemplos de pseudomorfosis lo dan los cristales cúbicos de pirita, un sulfuro de hierro amarillo, famoso por su apelativo de «oro de los tontos». La pirita es un mineral metálico brillante, broncíneo latón, muy duro para ser un sulfuro. La pirita se forma en ambientes reductores y anóxicos, o sea sin oxígeno. Al cambiar las condiciones físicas y químicas, a temperatura y presión ambientes, en una atmósfera oxidante, la pirita comienza a descomponerse, a formar una herrumbre natural.

El sulfuro de hierro original se convierte en un nuevo mineral, un hidróxido de hierro vulgarmente llamado «limonita» y que corresponde en su mayor parte al mineral goethita. Nombre que le fue dado en homenaje al padre de la literatura alemana Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), que además era geólogo de la famosa Academia de Minas de Freiberg. La transformación del mineral avanza desde afuera hacia adentro y puede ser completa o bien quedar un centro de la pirita brillante original.

Ahora bien lo interesante es cómo esos cubos de pirita se transforman químicamente en otra sustancia con pérdida de azufre y ganancia de agua y oxígeno, pero conservando perfectamente la forma del mineral original, aun cuando tienen estructuras cristalinas diferentes. O directamente carecer de estructura cristalina y presentarse como un material amorfo. Se dice entonces que se trata de un pseudomorfo de «goethita según pirita», o sea el mineral transformado (goethita) versus el mineral original (pirita).

También puede ocurrir que los cristales abandonen el hueco y otro material venga a rellenar el espacio vacante. Los huecos cúbicos, donde hubo un cristal de pirita, se conocen en inglés como «boxworks» y a veces son individuales o bien forman un artesonado limonítico como en un complejo arquitectural.

Indicios de oro

Los falsos cubos de goethita pueden liberarse de la roca madre e ingresan por meteorización, erosión y transporte en los aluviones de los ríos.

Generalmente esos aluviones, como ocurre en la Puna, son ricos en oro aluvional en forma de polvo, chispitas o pepitas.

Cuando se lavan los aluviones en busca de oro aparecen esos cubos, que muchas veces tienen ya formas redondeadas por el transporte que sufrieron desde la fuente hasta el lugar donde yacen; ejemplo, los llampos basales de terrazas fluviales y otras trampas que frenan a los minerales pesados. Los mineros de la Puna llaman a esos cubos marrones negruzcos «binches» o «huinchus» y tienen la convicción que «donde hay binches, hay oro». No es siempre un indicio seguro. Otro indicio es la mayor o menor abundancia de la arena negra, finísima, de magnetita, que siempre acompaña al oro de aluvión.

Distintos términos de los mineros de oro aluvional son favas, feijoes, mulata, pájaro minero, segullo, tibe, etcétera. El pájaro minero es un pajarito que frecuenta los lugares donde hay aluviones auríferos y los mineros lo tienen en gran estima ya que consideran que les señala donde hay oro.

La pirita recibe también nombres vulgares como piedra inga, chumbo, huinchu, marmaja, abronzado, acerado, banco, bauleo, binches, chino, gualda, mica, bronce y otras. Se conocen cientos de ejemplos de pseudomorfos.

Es como si los minerales buscaran de alguna manera disfrazarse, mimetizarse u ocultarse. A veces un mineral crece aprovechando las caras de otro mineral a las cuales se adosa. Otras veces se producen disoluciones y rellenos, infiltraciones y reemplazos, hidrataciones o deshidrataciones, adiciones o substituciones; en fin una vasta manera de cambiarse los unos en los otros, en algunos casos repetidas veces a lo largo del tiempo geológico.

Excelentes ejemplos de pseudomorfos son algunos boratos de la Puna. En la vieja mina Cristal del salar de Diablillos (Salta) había cristales de bórax o tincal que fueron reemplazados por ulexita quedando solo un núcleo sano del mineral original. Son pseudomorfos de ulexita según bórax, y lo que ocurrió es que hubo un cambio en la composición química con ganancia de calcio y aumento en el contenido de agua. Lo mismo ocurre en la mina Loma Blanca (Jujuy) donde hay una gran variedad de pseudomorfos, a veces con cambios completos en la composición química y mineralógica. Los cristales de bórax pueden convertirse en ulexita como en el caso antes señalado, pero también en calcita. O sea se reemplaza completamente el borato de sodio decahidratado de simetría monoclínica, por un carbonato de calcio anhidro de simetría trigonal. Quedan entonces cristales de calcita según bórax que mantienen perfectamente la forma del mineral original. El punto es que esta transformación puede eliminar parcial o completamente un yacimiento valioso convirtiéndolo en antieconómico. Al revés de lo que ocurre en las famosas minas de Corocoro en Bolivia donde cristales del carbonato de calcio aragonita, un polimorfo de calcita, se transformaron en cobre nativo o sea cobre metálico, los que están considerados como hermosos ejemplos y únicos en el mundo. Aragonita se presenta a veces en hermosos cristales maclados, o sea interpenetrados entre ellos, y pueden ser reemplazados completamente por sílice como ocurre en capas que afloran en el río San Juan de Oro en la Puna de Jujuy. El cuarzo puede reemplazar a cristales de calcita, baritina, siderita o fluorita y a la vez puede transformarse en talco por ganancia de magnesio y agua. Típico del bórax es alterarse por deshidratación con la pérdida de la mitad de sus moléculas de agua para convertirse en tincalconita. El yeso se transforma en anhidrita y la anhidrita se reconvierte en yeso de acuerdo a las condiciones de presión y temperatura. El pasaje de yeso a anhidrita está representado por la pérdida de dos moléculas de agua, el aumento de la dureza y el peso específico, y el cambio en la cristalización de simetría monoclínica a rómbica. El cobre verde malaquita, estable en las condiciones ambientales, puede recubrir pseudomórficamente a numerosos sulfuros de cobre. Los pseudomorfos resultan valiosos para la ciencia mineralógica y pueden además alcanzar un gran valor en el mundo de los coleccionistas de minerales. Y obvio, cuanto más raros son, más caros cotizan.

El Tribuno