Ni rescates ni estímulos monetarios: el oro es el mejor seguro frente a la pandemia

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La pandemia de Covid-19 ha desatado una crisis económica que ha obligado a los estados a recurrir a diversas fórmulas para reactivar sus economías. Rescates, inyecciones de efectivo en la economía y otras medidas han sido adoptadas por los bancos centrales. Pero los expertos sostienen que el mejor seguro frente a estas situaciones sigue siendo el oro.

por José Ángel Pedraza 

En un artículo de opinión firmado por Peter Krauth, experto en metales preciosos afirma que los rescates y los estímulos fiscales no son la mejor solución para la pandemia de Covid-19.

“¿Cuál es el mejor remedio? Posiblemente, los seguros. Ya sé que no son perfectos, pero creo que, en general, siguen siendo la mejor opción. De una forma u otra, resulta bastante sorprendente que haya atraído tan poca atención el papel de las aseguradoras en esta crisis. Después de todo, nosotros y las generaciones venideras tendremos que pagar por todos estos rescates masivos”, advierte Krauth.

Según el analista, hasta ahora la responsabilidad de esos rescates ha correspondido a los gobiernos, que han recurrido a diversas fórmulas para hacer frente a la crisis: imprimiendo más dinero o vendiendo una parte de sus reservas de oro.

“En mi opinión, eso apunta a la solución definitiva: deberíamos aspirar a procurarnos nuestro propio seguro. Y el oro promete ser una de las mejores opciones para cumplir ese objetivo”, opina.

Como explica Krauth, el último informe de la Junta Mundial de Supervisión de la Preparación de la OMS (GPMB, por sus siglas en inglés), una iniciativa conjunta de la Organización Mundial de la Salud y del Banco Mundial, estima el coste de la pandemia en unos 11 billones de dólares hasta ahora.

El informe sugiere que, con una adecuada preparación para la posibilidad de que se declarara una pandemia, el coste habría sido de unos cinco dólares por persona, es decir, unos 39.000 millones de dólares.

El sistema de seguros ha demostrado su validez en caso de desastres como incendios, terremotos o inundaciones. Y hay que tener en cuenta que una pandemia global como la que estamos viviendo es un hecho mucho menos frecuente que los mencionados desastres.

“Sin duda, es muy complejo establecer un sistema que relacione los riesgos con las primas de un seguro contra las pérdidas derivadas de una pandemia. Las propias compañías de seguros a veces recurren a reaseguros cuando los riesgos son demasiados grandes como apara asumirlos en solitario. Pero parece lógico pensar que, si las pandemias globales suceden una vez cada 50 ó 100 años, las primas del seguro deben ser muy bajas, ya que las aseguradoras van a pasar décadas cobrándolas y acumulando reservas”, razona Peter Krauth.

Occidente y Oriente

Otra cuestión que pone de relieve el artículo es la forma en la que están reaccionando los países desarrollados y los países en vías de desarrollo a estas crisis. Mientras las economías más maduras han recurrido a imprimir billetes, los mercados emergentes se han encontrado con mayores restricciones, ya que no cuentan con el mismo acceso a los mercados que aquéllas. Por ello, deben buscar financiación externa, lo que significa recaudar fondos en divisas extranjeras

Según un reciente informe de S&P Global Ratings, los países avanzados cuentan con importantes mercados de capitales domésticos, instituciones públicas (incluyendo bancos centrales independientes), una baja inflación y políticas económicas transparentes y predecibles. Ello permite que sus bancos centrales inviertan una parte importante de sus reservas en bonos del estado, sin que se resienta la confianza de los inversores ni temer una subida de la inflación.

En cambio, los países con instituciones públicas menos creíbles y menor flexibilidad monetaria, fiscal y de tipo de cambio tienen menor capacidad para monetizar los déficits fiscales sin correr el riesgo de desatar la subida de la inflación. Ello puede provocar la fuga de capitales, la devaluación de la moneda y provocar una subida de los tipos de interés, como ha sucedido en Argentina en varios momentos de la pasada década.

“Sin embargo, desde mi punto de vista, estas restricciones en el acceso a los mercados de deuda pueden convertirse en una ventaja para algunos de los países menos desarrollados. Mientras la impresora de billetes está funcionando a marchas forzadas en la mayor parte de los países occidentales, las expectativas de una subida de la inflación han crecido de forma dramática en los últimos ocho meses. Dado que la mayoría de los mercados emergentes son exportadores de commodities, la subida de los precios de las materias primas puede suponer un ‘boom’ económico para ellos en los próximos años”, explica Krauth.

Ello provoca que estos países tengan una mayor confianza en sus propias reservas. Y muchos de ellos tienen una relación muy estrecha y de largo recorrido con el oro.

Hasta el tercer trimestre de este año, los bancos centrales llevaban una década siendo compradores netos de oro. Algunos países han decidido aprovechar el alto precio del oro para vender parte de sus reservas y así suavizar el golpe económico que ha supuesto la pandemia de coronavirus.

Según los datos del Consejo Mundial del Oro, Turquía y Uzbekistán han estado entre los mayores vendedores. Rusia vendió oro en el tercer trimestre por primera vez en los últimos 13 años.

Estos países han estado construyendo sus reservas desde hace años, para hacer frente a momentos como éste. Y cuando ha llegado el momento, las ha utilizado.

“Lo cierto es que el oro ha cumplido la función que se le suponía. Se ha elevado en medio del caos. Y los bancos centrales que han vendido su oro a precios máximos, han vendido muchas menos onzas que hace unos meses, por el mismo dinero. Eso es una lección para nosotros como individuos: el oro es la forma definitiva de ahorrar y la mejor política de seguros que existe”, concluye.

Oroinformacion.com