"La clave no es prohibir que compren afuera, sino beneficiar a las mineras que eligen proveedores sanjuaninos"
- 20 de marzo, 2026
"La clave no es prohibir que compren afuera, sino beneficiar a las mineras que eligen proveedores sanjuaninos"
Tras su participación con un stand propio en la PDAC 2026, Luciano Guglielmini, presidente de Solimin, analiza el potencial de los proyectos de “clase mundial” en San Juan.
Con una visión basada en la competitividad y la sustentabilidad, propone un desarrollo local basado en un sistema de beneficios fiscales que fortalezca el empleo local y garantice que la renta minera se quede en la provincia.
Luciano, se cumplen 10 años desde tu primera vez en la PDAC, pero este 2026 tuvo un sabor especial. ¿Cómo fue pasar de ser visitante a tener, por primera vez, el stand de Solimin en Toronto?
Es un orgullo enorme. Sacábamos la cuenta con los colegas: empezamos muy “pollitos”, yendo a ver de qué se trataba, tratando de entender una feria que no tiene nada que ver con lo que conocemos acá. No es un show, es el lugar donde se venden los proyectos de prospección. Esta vez, tener el cartel de Exhibitor y la credencial roja fue un hito para nosotros. En ese nivel, que te vean con el rojo significa que ya sos parte del juego; te abre puertas, te da otra prioridad.
San Juan respira minería, pero estar allá es otra escala. ¿Qué significa para un proveedor local codearse con gigantes en esos 800 pasillos de exposición?
Es una forma de defender nuestro lugar. Éramos la única empresa de Elementos de Protección Personal (EPP) dentro de la feria entre 2.000 expositores. Eso le da un mensaje potente a nuestros clientes, que son las mineras y las empresas de servicios: estamos preparados para proyectos de clase mundial. Estamos a la altura de lo que la industria exige globalmente.
Argentina ha tenido altibajos en su presencia institucional en Canadá. ¿Cómo sentiste el “clima” respecto al país en esta edición?
Hubo épocas difíciles donde Argentina perdió su espacio institucional por falta de pago o desinterés. Hoy la realidad es otra. Cuando decís “Argentina”, la gente se frena, pregunta, se ríe con esperanza de “los que se vienen”. Tuvimos gente de Nueva Zelanda o Perú interesada en lo que hacemos. Hay una expectativa real por el cambio de rumbo, aunque todos sabemos que estos son proyectos de largo aliento.
Se habla mucho de que los contratos se firman en San Juan, pero se gestan en Toronto. Pudiste reunirte con figuras como Rob McEwen (McEwen Mining) o los líderes del proyecto Vicuña. ¿Qué se lleva un empresario de esas reuniones de alto nivel?
Hay gente que piensa que uno vuelve con un contrato bajo el brazo, y no es así. El valor real es escuchar de primera mano, cara a cara, lo que tienen planeado hacer. Acá en San Juan hablas con los superintendentes, pero allá hablas con el dueño, con el CEO. Ver a alguien como Ron Hochstein (Vicuña), un tipo sumamente transparente y tranquilo, dándote su visión, es un placer y una ventaja estratégica.
Mencionaste el rol del Gobierno de San Juan en coordinar a los proveedores allá. ¿Cómo fue esa sinergia entre el sector público y privado en el stand?
Sinceramente, “chapeau” por la logística. Éramos un grupo de WhatsApp de 27 personas y terminamos siendo como 45 sanjuaninos en las reuniones. El Gobierno logró sentar en la misma mesa a todos los proveedores con los responsables de Azules y Vicuña. Fue un esfuerzo grande y necesario para demostrar que San Juan se mueve en bloque. Estábamos todos, no faltó nadie.
Siempre vemos la foto de traje en Toronto, pero mencionabas algo muy personal: hace 10 años que no podés estar en el primer día de clases de tus hijos por coincidir con la feria. ¿Ese es el costo invisible de la “gremial empresaria”?
Totalmente. A veces se ve el evento internacional, pero la realidad es que llegas a tu casa un martes a las 11 de la noche porque venís de una cámara o de hablar de la industria. No es solo ir a buscar contratos, es ser transversales, sumar como provincia. En la PDAC caminas 27 mil pasos por día con zapatos de charol, terminas detonado, pero entendés que es el momento de hacerlo. El año que viene, si las clases empiezan antes del 7 de marzo, quizás por primera vez en una década pueda ver a mis hijos ir a la escuela. Son sacrificios que uno hace por defender el lugar del proveedor local.
En esas reuniones de pasillo y en la embajada, el RIGI y la Ley de Compre Sanjuanino fueron temas centrales. ¿Cómo reciben las grandes ingenierías y operadoras estas herramientas?
Tuvimos reuniones muy importantes con gente de Hatch, Stantec y los directivos de Abra Silver. Hay una realidad: cuando les hablas de la Ley de Compre, al principio ponen reparos. Ellos interpretan que queremos “cerrar” la provincia o imponer un único oferente para todo. Mi trabajo allá fue explicarles que el concepto es distinto. No queremos trabar el proyecto, queremos que entiendan que estamos ante proyectos de clase mundial y los proveedores locales estamos a la altura de esa exigencia.
Mencionaste una frase potente sobre el proyecto Vicuña: “Es un gigante que durará 100 años”. ¿Esa es la magnitud de lo que se viene para San Juan?
Exactamente. El CEO de Vicuña fue claro: estamos ante el cuarto depósito de cobre del mundo y el segundo de plata. Es algo tan grande que, como decíamos en la charla, probablemente los hijos de tus hijos tengan algo que ver con Vicuña en algún momento. Nos dieron el ejemplo de un proyecto de Lundin en Ecuador (Fruta del Norte), que hoy genera un movimiento tributario más grande que Quito, la capital. Eso es lo que se viene para San Juan: un gigante que va a cambiar la historia de la provincia por el próximo siglo.
Luciano, recientemente estuviste en reuniones estratégicas con grandes operadoras y empresas de ingeniería de proyectos de gran escala como Pachón y el Distrito Vicuña. ¿Qué sensaciones te dejó ese intercambio sobre el futuro que se viene para San Juan?
La sensación es que estamos frente a algo gigante. Se dice que Vicuña podría ser el cuarto depósito de cobre más grande del mundo. Es un proyecto de clase mundial que va a trascender generaciones; estamos hablando de trabajo para nuestros hijos y nietos. En las reuniones con empresas como Abra Silver, Hatch o H3, uno dimensiona que lo que viene no es solo minería, es un cambio de paradigma económico. Si miramos ejemplos como Fruta del Norte en Ecuador, vemos zonas rurales que hoy tributan más que las propias capitales. Eso puede pasar en Iglesia: el movimiento tributario y económico de la zona puede llegar a superar al de la Ciudad de San Juan.
Uno de los temas centrales en la agenda minera es la Ley de Proveedor Local. Existe un debate sobre su implementación, ¿cuál es tu visión al respecto y cómo crees que la interpretan las operadoras?
Hay un concepto que debemos unificar. A veces las empresas internacionales interpretan la ley como una forma de “cerrar” la provincia o limitar sus opciones a un solo oferente, y no es así. No queremos que se nos elija solo por ser locales, sino por ser competitivos. La Ley de Proveedor Local es entender que, ante proyectos de esta magnitud, la prioridad debe ser el desarrollo de la cadena de valor regional. Es la herramienta para que el crecimiento del proyecto se traduzca en crecimiento real para nuestras empresas y nuestra gente.
Solimin no solo observa este crecimiento desde afuera, sino que está invirtiendo activamente. ¿Cómo avanza el proyecto de la nueva sucursal en Iglesia?
Nuestra apuesta es total. No estamos esperando a que los proyectos arranquen para ver qué hacemos; venimos trabajando hace 15 años. Hoy estamos a punto de inaugurar nuestra sucursal en Iglesia porque creemos que hay que estar donde las cosas suceden. Invertir en el departamento es nuestra forma de decir “acá estamos y confiamos en este desarrollo”.
Más allá de lo comercial, mencionabas que Solimin tiene un fuerte vínculo con la formación y las comunidades locales. ¿Por qué es tan importante para ustedes ese trabajo silencioso?
Porque el crecimiento tiene que ser integral. Por ejemplo, colaboramos con escuelas en Iglesia, ponemos a punto máquinas de coser, donamos material para que los chicos aprendan el oficio, y lo hacemos muchas veces sin marcas ni publicidad. No es donar por donar, es generar capacidad instalada en la comunidad. Si nosotros crecemos como ferretería industrial y protección personal, queremos que la gente del lugar también tenga las herramientas para ser parte de este motor económico.
Luciano, mencionabas que Solimin está implementando prácticas sustentables, como el uso de energía solar y materiales biodegradables. ¿Es difícil competir cuando esos procesos tienen un costo mayor frente a proveedores que no asumen ese compromiso?
Es un desafío real. Nosotros hoy entregamos calzado en bolsas biodegradables y fabricamos ropa con energía solar. ¿Son acciones más caras? Sí, pero hay que cuidar el ambiente y eso tiene un precio. A veces cotizamos productos y perdemos contra un proveedor de Buenos Aires porque es “más barato”. Ahí es donde hay que entender que el recurso es provincial. No pedimos que nos elijan solo por ser sanjuaninos; esto tiene que ser un negocio para las tres patas: la minera, el gobierno que tributa y el proveedor. Pero hay que reconocer el valor de quien tiene 40 empleados aquí, paga sus cargas sociales y reinvierte en la provincia.
Hablando de la Ley de Proveedores Locales, mencionabas que las operadoras la ven a veces como una traba. ¿Cómo se logra un equilibrio para que sea una herramienta de promoción y no un “palo en la rueda”?
Tenemos que ser totalmente maduros. Hoy, si nos cerramos, nos va a faltar capacidad. Si hoy vendo 100 cascos y mañana el proyecto requiere 5.000, hay que tener el respaldo financiero para bancar esa compra y los plazos de pago. La ley no tiene que ser un obstáculo para el inversor. El inversor ya lidia con una variabilidad enorme: en 10 años han pasado tres gobernadores y varios ministros, mientras que en otros países la minería sigue pujante porque es previsible. Necesitamos madurez para decir: “Hoy no tenemos todo, pero queremos trabajar para lo que hay”. Que no se lo lleven los de afuera solo porque tienen una oficina de representación con tres empleados.
¿Y qué es a tu criterio lo que se debería hacer en este sentido?
Es el momento de que las empresas y las instituciones se involucren. Si sabés que un proyecto como Pachón va a madurar en 5 o 6 años, tenés el tiempo justo para formar una camada entera de profesionales. No podés pretender que los ingenieros aparezcan de un día para el otro si el año pasado se recibieron apenas seis. Hay que empezar hoy con prácticas profesionales, decirles a los jóvenes: “En 5 años vamos a necesitar 170 ingenieros”. La minera no es una fundación, pero el desarrollo del talento local es parte esencial de la sustentabilidad del negocio a largo plazo.
Hablaste mucho de la “permanencia”. Los funcionarios pasan, los proyectos tienen plazos largos, pero los proveedores locales se quedan. ¿Cuál es el motor que los mantiene invirtiendo?
El arraigo. Los proveedores locales no estamos buscando hacernos millonarios para irnos a vivir a otro lado. Queremos seguir laburando en el lugar donde nacieron nuestros viejos y donde van a vivir nuestros hijos. Por eso pedimos reglas claras y previsibilidad. Nos duele ver que el esfuerzo que hacemos por ser “ecológicos o sustentables” o por estar presentes en la cordillera a veces no se pondera. Al final del día, las empresas somos personas que apostamos por nuestra tierra. Nadie tiene la solución mágica para la Ley de Proveedor Local, pero el camino es la transparencia y entender que, si a la provincia le va bien, a todos nos tiene que ir mejor.
Luciano, me quedé pensando en la asimetría que mencionabas. ¿Cómo es que un proveedor de Buenos Aires termina teniendo mejores condiciones de cobro que uno de San Juan?
Es una realidad que golpea la competitividad. Por ser proveedor local, a nosotros la minera nos retiene Ingresos Brutos (un 3% o 3,6%) en el momento del pago. Si yo vendo 100, cobro 97. En cambio, al de afuera no le retienen; él cobra los 100, maneja ese flujo de caja y recién cuando cierra el mes tributa en su jurisdicción, que no es San Juan. Esos 3 pesos de diferencia, en contratos grandes y con plazos de 60 días, se sienten mucho. La provincia cobra el impuesto antes de que el proveedor local vea el dinero. No estamos en igualdad de condiciones.
Ante esto, tu propuesta no es “obligar” al compre local, sino generar un beneficio para que la operadora minera lo haga. ¿Cómo funcionaría ese esquema?
Exacto, porque esto es un negocio, no una fundación. La pregunta es: ¿por qué la minera aceptaría pagar un poco más a un proveedor local? El Gobierno debería darle un beneficio fiscal o tributario a la operadora por elegir sanjuanino. Se podría compensar, por ejemplo, a través de los fondos de los fideicomisos. El razonamiento es simple: nosotros tenemos 40 personas que cobran su sueldo en San Juan, compramos acá y pagamos patentes acá. El movimiento económico que generan esas familias y nuestra estructura es mucho mayor para la provincia que cualquier descuento que se le pueda hacer a la minera.
Es decir, que el beneficio vuelva a la provincia a través del círculo virtuoso del consumo interno…
Totalmente. Si la minera le compra a una empresa de otra provincia, ese Ingreso Bruto y esas patentes se van de San Juan. Pero si el recurso es provincial —y lo recalco siempre porque es provincial-, el beneficio tributario también debería quedar en casa. Hay que poner el foco ahí: ¿qué beneficio le damos a la minera para que nos elija? Si logramos que la provincia recaude más por el movimiento interno de las pymes que lo que resigna en incentivos, ganamos todos.
Entonces, la clave no es “cercar” la provincia, sino hacerla competitiva.
No queremos cerrar San Juan, al menos yo no lo quiero. Lo que planteamos es que, con los proyectos que vienen, va a faltar de todo y vamos a tener que hacer alianzas. Pero para que esas alianzas funcionen, el empresario sanjuanino tiene que estar fuerte. Necesitamos que Gobierno, minera y proveedor nos sentemos a ver cómo hacemos que este gigante que es la minería, nos ayude a crecer con madurez y previsibilidad.
Hablábamos de girar el foco de atención: en lugar de restringir a los de afuera, beneficiar a los de acá para que esa “cascada de beneficios” llegue a todos.
Es simple: cuando le compras a un proveedor local, los tributos se quedan en San Juan. Pagamos la luz acá, las tasas municipales acá y los sueldos se gastan en el mercadito del barrio. Si la ropa o los cascos se compran en Buenos Aires, le estás pagando el ABL a otra jurisdicción y alimentando otra economía. La minería es una oportunidad enorme, pero para que se genere esa “cascada” de verdad, tenemos que cuidar ese circuito. Mucha gente me pregunta: “¿Qué puedo hacer con la minería?”. Mi respuesta es siempre la misma: “Hacé lo que sabés hacer, pero hacelo bien”.
Usaste una frase que se escuchó mucho en la feria: “Clase Mundial”. ¿Qué significa para Solimin tener ese nivel?
Me dieron ganas de tatuarme esa frase (risas). Ser de “clase mundial” es preguntarse: ¿Qué hacés con tu comunidad? ¿Qué hacés con tus residuos? ¿Cómo tratás a tu gente? En Solimin nos estamos convirtiendo en eso. No es solo un eslogan; es tener a toda la gente en blanco en un rubro como el textil donde sabemos que hay mucha informalidad, y es invertir en certificaciones que aseguren que nuestros procesos son de excelencia.
Esa excelencia también se mide en impacto ambiental. Mencionabas cifras impresionantes sobre el uso de energía solar en tu producción…
Totalmente. Gracias a que fabricamos nuestras prendas con energía solar, tenemos un contador que nos marca que hemos evitado la tala de unos 33 mil árboles y ahorrado más de 320 mil kilos de CO2. Eso le sirve a la minera porque reduce su propia huella de carbono. Ser un proveedor de clase mundial es entender que hoy la industria te exige sostenibilidad, y nosotros ya estamos ahí, aunque nos cueste más como Pyme.
Te viniste de la feria con una expectativa muy alta. ¿Cuál es el mensaje final para el sector y para la política sanjuanina ante este “gigante” que se despierta?
Vine con la expectativa más alta de mi vida. Estamos hablando de reservas que pueden cambiar la historia. Pero también tenemos que ser realistas: si hoy salieran dos proyectos juntos, no tenemos capacidad ni en caminos ni en energía. Por eso insisto en la madurez. Pueden pasar dos o tres gobernadores hasta que estos proyectos maduren; lo importante no es quién esté de turno, sino que mantengamos la misma línea. Tenemos que ser maduros, ser conscientes de lo que se viene y sostener el rumbo a 50 o 100 años. Ese es el único camino para que los hijos de nuestros hijos vean los frutos de lo que hoy estamos sembrando.
Cámara Minera de San Juan