Lunes 23 de febrero de 2026

Minería Argentina: ¿sabremos aprovechar la oportunidad?, Por Miguel Scozzari

  • 23 de febrero, 2026
Récord de exportaciones, recursos estratégicos para la transición energética y una demanda global asegurada.

La minería argentina tiene todo para ser un motor de desarrollo, la pregunta es si seremos capaces de darle la previsibilidad, la infraestructura y las decisiones políticas que exige esta oportunidad.

Argentina parece condenada a un repertorio familiar: enormes oportunidades, diagnósticos adecuados y nunca un resultado completo. Podríamos ser uno de los principales proveedores de alimentos del mundo —el “supermercado global”, como se ha dicho durante décadas— pero incluso con un sector agroindustrial pujante aún no hemos logrado dar un salto concluyente. En hidrocarburos, Vaca Muerta está avanzando, aunque sigue siendo menos una plataforma completamente realizada que una promesa más estratégica. Por supuesto, la minería no es la excepción, solo repite este ciclo. Tenemos los recursos, el proyecto y la demanda global; lo que falta, nuevamente, es una toma de decisiones sostenida, previsibilidad.

El sector minero hoy ya no es marginal. Ha surgido como el cuarto complejo exportador más grande del país, con un récord de USD 5.9 mil millones en exportaciones en 2025, un crecimiento interanual del 27% y una increíble capacidad para generar divisas: por cada dólar importado, la minería genera nueve en superávit comercial. Los datos ayudan a dimensionar la oportunidad, y también la urgencia. Este desempeño va de la mano con una paradoja alarmante: el sector está muy por debajo de su potencial en un mundo que clama por muchos de los minerales que abundan en los Andes argentinos.

Parte de ese impulso proviene del contexto internacional. El oro y la plata, posicionados como refugio de valor para inversores, alcanzaron máximos históricos en 2025: el oro superando los USD 3,300 la onza en ocasiones clave del año y la plata moviéndose a la par con el aumento. Pero en este caso, se establece un límite estructural: el 81%-82% de las exportaciones mineras argentinas todavía están concentradas en estos dos metales. La dependencia de los precios internacionales sin diversificar o escalar proyectos estratégicos —digamos, cobre o litio— hace que el crecimiento sea una apuesta cíclica, más cercana al azar que a una política de desarrollo.

El efecto minero, además, no se pierde en los balances nacionales. Es un motor clave de las economías regionales. En Catamarca, San Juan, Santa Cruz y Jujuy en particular, la actividad representa entre el 75 y el 88 por ciento de las exportaciones provinciales, mientras que solo cinco jurisdicciones concentran casi todo el comercio minero nacional. A nivel nacional, el sector mantiene más de 105,000 empleos, ya sea directa o indirectamente, cada vez más femeninos (actualmente 13%).

Las previsiones para este año también son audaces, pero no sin condiciones. El sector podría consolidarse para 2026 como el tercer mayor generador de divisas del país, fuertemente respaldado por el cobre y el litio, bajo esquemas como RIGI. Y para que eso prevalezca, los proyectos estratégicos deben recorrer un camino hoy lleno de obstáculos. El ejemplo podría ser la construcción de “Kachi” en Catamarca —una inversión de USD 1.38 mil millones y producción en 2027 con extracción directa de litio (DLE), o el descubrimiento más reciente de pórfidos de cobre y oro en “Lunahuasi”, San Juan; estas son oportunidades que podrían desvanecerse, en ausencia de reglas claras, logística suficiente y solidez fiscal. Sin caminos y energía y previsibilidad, los depósitos corren el riesgo de convertirse en meros marcadores cartográficos de un mundo que nunca fue.

En el amplio paradigma de la transición energética global, la minería argentina ocupa una ventaja estratégica indiscutible. El litio y el cobre no son solo commodities, son insumos cruciales para este nuevo orden productivo. Pero esa ventaja viene con una responsabilidad inevitable. El desarrollo minero del siglo XXI tiene que ser ambientalmente responsable, socialmente legítimo y económicamente integrador.

Una vez más, la ausencia de infraestructura fundamental, la inestabilidad regulatoria y los vaivenes de la política son los que históricamente han conspirado con proyectos como estos que inherentemente requieren financiamiento intensivo y a largo plazo. Las políticas de Estado sostenidas en el tiempo, que trascienden gestiones e ideologías son las que se necesitan. La minería puede ser una promesa incumplida o una verdadera base del desarrollo nacional, en las decisiones políticas, la calidad de las instituciones y el potencial para convertir los recursos naturales en progreso sostenible está la clave del futuro de este sector.

Por Miguel Scozzari*.

El autor es presidente del Movimiento Productivo Argentino.

Mpargentino.com.ar

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